El color de la lengua puede cambiar por la capa superficial, los alimentos, las bebidas, la sequedad de boca o el tabaco. Un tono amarillento por sí solo no basta para establecer un diagnóstico.
¿Qué puedes hacer?
Mantén una buena hidratación, cepíllate los dientes con regularidad y limpia suavemente la superficie de la lengua una vez al día. No intentes raspar la capa hasta provocar sangrado ni uses productos químicos irritantes.
¿Cuándo conviene consultar?
Si el cambio persiste, duele o arde, o se acompaña de úlceras, hinchazón u otros síntomas preocupantes, consulta a un dentista o médico. Aprende también a limpiar la lengua correctamente.



































